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Carta a Libros

Foto del escritor: Clara Lucia Arauz
Clara Lucia Arauz
hace 9 horas
2 min de lectura

Queridos libros,

los conocí por primera vez en las estanterías de la biblioteca pública de mi ciudad. O, al menos, fue allí donde descubrí que ya no quería soltarlos nunca más.


Era una niña curiosa que recorría los pasillos de una sala que le parecía inmensa. Miraba a mi alrededor como si, de repente, me hubiera transportado a otro mundo, uno muy distinto al que conocía. Caminaba sin rumbo, con los brazos caídos a ambos lados del cuerpo y la cabeza inclinada hacia atrás, intentando abarcar con la mirada todo lo que me rodeaba.


La gente me observaba de reojo, probablemente preguntándose qué hacía una niña sola en la biblioteca. Nadie sabía que había acompañado a mi papá a un evento que se organizaba en la sala de abajo y que había logrado escapar con la excusa de que me moría de aburrimiento.


Por suerte, había encontrado una sala mucho más interesante y colorida.


Mis pies, que parecían haber cobrado vida propia, me llevaron hasta una estantería repleta de libros con portadas de lo más curiosas.


“Fantasía”, decía el cartel que colgaba en lo alto.


Mi mano, como si también tuviera voluntad propia, se extendió hasta alcanzar un libro amarillento y algo desgastado. En la portada, un niño de anteojos redondos, un rayo en la frente y el pelo despeinado montaba una escoba a varios metros del suelo.


¡Qué locura!


No podía apartar la mirada de aquella portada.


Siempre me había gustado imaginar cosas imposibles, mundos fuera de lo común y situaciones que desafiaban cualquier explicación. Quizás fuera por la cantidad de películas que veía en el reproductor de DVD de casa. Pero aquella era la primera vez que encontraba una de mis tantas fantasías plasmada en las páginas de un libro.


Decidí sentarme en uno de los sillones que había en la biblioteca y comencé a leer.


Leí, leí y leí.


No levanté la cabeza hasta que las estrellas comenzaron a asomarse por las ventanas y mi papá vino a avisarme de que era hora de volver a casa.


Poco sabía yo, por aquel entonces, que aquella tarde sería el comienzo de un viaje maravilloso. Un viaje que me llevaría de vuelta a la biblioteca con una tarjeta de socia y luego a vivir mil vidas en una sola.


Porque hay encuentros que, sin saberlo, nos cambian para siempre. El mío ocurrió entre estanterías, páginas amarillentas y la historia de un niño que volaba sobre una escoba. Lo que había comenzado como una simple escapada de un evento aburrido terminó convirtiéndose en una de las aventuras más bonitas de mi vida.


Queridos libros, espero que nunca me hagan falta.


Y si algún día el mundo se vuelve demasiado real, demasiado ruidoso o demasiado difícil de comprender, espero poder seguir encontrando entre sus páginas un lugar al que regresar.


Con cariño,

una niña que todavía sueña entre sus páginas.

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